Apretó los ojos con fuerza, intentando visualizar las paletas de colores y los bocetos de su nueva campaña publicitaria para la mañana siguiente. Quería obligar a su cerebro a trabajar, pero la imagen de él, vestido de etiqueta, imponente, inalcanzable, se filtraba por cada grieta de sus defensas. De pronto su mente le hizo una mala jugada. Seguramente, en ese preciso instante, él estaba compartiendo la noche con una mujer perfecta, impecable, de su mismo estatus social. Alguien que no venía con problemas, deudas ni ropa de liquidación.—No son celos —susurró Alisson para sí misma en la oscuridad de su habitación, frotándose el rostro con frustración—. Es solo el estrés del embarazo. Son las hormonas. Es este maldito contrato y el miedo a lo que pueda hacer. Solo es eso.Pero a pesar de sus intentos por racionalizarlo, el nudo en su garganta no desaparecía.Finalmente, horas después, el agotamiento físico la venció. Sus ojos se cerraron, pero no encontró el descanso que ansiaba. Se s
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