Las pesadas puertas del baño de mujeres se cerraron tras Alisson, cortando de golpe el murmullo atónito del piso creativo. Apenas estuvo a solas, el último hilo de cordura que la sostenía se rompió. Corrió hacia el cubículo más grande, el del fondo, cerró el pestillo con manos que temblaban como hojas secas y se dejó caer contra la puerta.El frío del café helado penetró a través de la blusa de seda, adhiriendo la tela a su piel y marcando de manera peligrosa la curvatura de su vientre. El olor a café y caramelo, mezclado con el pánico y la adrenalina, le provocó una náusea violenta. Se abrazó a sí misma, deslizándose hasta tocar el suelo de baldosas blancas, y escondió el rostro entre las rodillas.Soltó el primer sollozo. Fue un sonido desgarrador, ahogado, nacido desde lo más profundo de su pecho herido. Lloró por la humillación de que le lanzaran una bebida a la cara frente a todo su equipo. Lloró por el terror paralizante que sintió al pensar que esa mujer desquiciada podría habe
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