Decir que estaba aterrado era quedarse corto.La presión en el pecho no cedía, y por más que intentara controlarlo, mi cuerpo no respondía como debía. Todo en mí gritaba que reaccionara, que peleara, pero no pasaba nada.Y eso era humillante.Me sentía expuesto, vulnerable… inútil.Miel seguía frente a mí, firme, sosteniendo una línea que ni siquiera yo era capaz de ver del todo. Dejé que me protegiera, y aunque sabía que no tenía opción, aquello me golpeó el ego más de lo que quería admitir.Se suponía que yo debía ser el lobo, el alfa. No ella.Apreté la mandíbula, frustrado.¿Qué diablos me pasaba?Si de verdad llevaba la sangre Loba en las venas, debería ser capaz de sentir algo. Lo que fuera. Un impulso, un instinto, cualquier cosa.Pero no había nada en mi interior.Solo silencio.—¿Quién es ese? —pregunté al final, bajando un poco la voz, sin apartar la mirada del majestuoso lobo gris que se acercaba a nosotros.Miel no respondió de inmediato. Permaneció quieta un segundo más,
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