—Bien hecho, Lyra —la voz de Mael fue baja. No había exceso de emoción en ella, ni elogio vacío. Era una afirmación medida… ganada.La loba permanecía de pie en el centro del aquel pequeño claro en el interior del templo arcano, con los ojos cerrados y la respiración controlada. Sus manos estaban ligeramente elevadas a los lados de su cuerpo, y bajo sus pies, la tierra vibraba con una energía tenue, casi imperceptible para cualquiera que no supiera qué buscar.Solo el druida sabía y lo que veía no era poca cosa, Lyra inhaló lentamente, y la energía a su alrededor pareció responder. Las raíces bajo el suelo se tensaron como si despertaran, y una corriente invisible ascendió por sus piernas, recorriendo su cuerpo hasta concentrarse en su pecho.Un segundo después, exhaló. Y la liberó.La magia descendió nuevamente hacia la tierra, disipándose sin violencia, sin ruptura.Control.Lyra abrió los ojos.—Según el libro, no es suficiente lo que estoy haciendo —dijo, con el ceño ligeramente f
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