El cuello de Lyra ardía con un dolor sordo que se irradiaba como fuego hasta su pecho, recordándole con cada latido lo que había sucedido, Ronan la había marcado sun pedir permiso, preguntar o darle opción de aceptar.
Se incorporó lentamente en la cama, haciendo una mueca cuando el dolor se intensificó. Sus ojos buscaron al alfa de inmediato y lo encontraron sentado junto a la ventana, con la espalda apoyada en el respaldo de un pequeño sofá de cuero. Tenía entre las manos uno de los libros ant