El alfa Xavier terminó de ajustarse la camisa. Sus movimientos eran firmes, precisos, pero no apresurados. Cada gesto hablaba de control, de costumbre… de un líder que sabía exactamente cuándo debía cambiar de piel.
Detrás de él, la cama crujió suavemente, Nyra ya no dormía. Estaba recostada sobre las sábanas desordenadas, envuelta en la camisa de él, demasiado grande para su cuerpo. La tela caía por uno de sus hombros, dejando su piel al descubierto mientras sus ojos avellanados lo observaba