—¿Quieres entrenar? —la voz de Cedric rompió el sonido constante de los golpes contra la bolsa. El impacto rítmico de sus puños se detuvo apenas un segundo después de percibir ese aroma.
Kilani.
No necesitaba verla para saber que estaba allí. Aun así, cuando no obtuvo respuesta, bajó los brazos y giró el rostro hacia la entrada del gimnasio y ahí estaba de pie en la puerta.
Observándolo.
—¿Pasa algo? —alzó ligeramente sus cejas rubias, notando de inmediato el rubor en su rostro, Kilani parp