El beta no dijo nada más. Salió de la oficina y cerró la puerta con cuidado, Ronan permaneció inmóvil varios segundos, mirando el vacío. Luego maldijo en voz baja. Pasó ambas manos por su cabello con frustración salvaje.
La rabia se acumuló en su pecho, ya que todo se estaba saliendo de sus manos. Pateó la silla más cercana. El mueble de madera salió volando, estrellándose contra la pared opuesta y rompiéndose en astillas con un estruendo que hizo temblar los cristales de la oficina, Ronan res