—Por cierto… con su identidad actual, ¿cómo logró entrar? ¿Es tan sencillo para la familia Rockwell enviar una carta de invitación? —preguntó Cristina, con voz alta y tono de burla, dejando caer su servilleta sobre la mesa.—Justo ahora, el guardia de seguridad la vio salir de un auto elegante y no revisó su carta de invitación. ¡Creo que fue engañado! —añadió Sebastián, inflando el pecho como si hubiera descubierto un crimen—. Se coló porque quería mezclarse con algunas personas ricas y atractivas, ¡así podría tener otra oportunidad!—¡Ja, ja! ¡El pollo intrépido quiere ser una paloma! —rió Isabel con malicia.Rose les lanzó una mirada en silencio. Su rostro era como mármol, sin grietas. Ni una sola emoción asomaba entre sus finas facciones.Isabel y Lucy eran como hermanas. La segunda parecía más prudente, pero en ese momento, también observaba con juicio contenido.Clarisa tocó su copa sobre la mesa, dispuesta a poner orden, cuando la voz de Lucy la interrumpió:—Cristina, Sebastiá
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