Perspectiva de CloeEl silencio de la habitación era denso, cargado con el peso de los recuerdos que acababan de estallar en mi cabeza como fuegos artificiales en una noche sin luna. Dominic estaba allí, de pie frente a mí, despojándose de su camisa con una lentitud tortuosa, como si cada centímetro de piel que revelaba fuera una página más de nuestra historia prohibida.Cuando sus pantalones cayeron al suelo, me quedé sin aliento. Mis ojos bajaron instintivamente, recorriendo su torso marcado, las cicatrices que hablaban de una vida de riesgos, hasta llegar a su entrepierna. Ver su polla, erguida y palpitante, despertó un hambre en mi vientre que no tenía nada que ver con el hambre del embarazo. Mi mente gritaba que esto era un error, que él era el hermano de mi marido, pero mi cuerpo... mi cuerpo lo reconocía como su único dueño.—¿Te gusta lo que ves, nena? —su voz era un ronquido bajo que me hizo vibrar—. ¿O es que tu mente todavía necesita permiso para aceptar lo que tu piel ya s
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