Perspectiva de Cloe
La mansión Russo estaba en silencio, pero en mi cabeza había un estruendo ensordecedor. Estaba sentada en el borde de la cama, la misma cama donde horas antes Dominic me había "castigado" por llamarlo tío. La misma cama donde Michelle me había besado con una frialdad que me erizaba la piel. De repente, el aire se volvió denso. Cerré los ojos y, como un rayo cruzando un cielo negro, una imagen me golpeó.
Una cabaña. Luz de luna. El olor a champagne y sudor.
No era un sueño. E