Perspectiva de Cloe
El aire en la suite del hotel se sentía viciado, cargado de un perfume que no lograba ocultar la frialdad de lo que estaba sucediendo. Michelle me quitó la ropa con una eficiencia que me heló la sangre; no había urgencia por mi placer, sino una prisa por poseer lo que él consideraba suyo. Me obligué a quedarme inmóvil sobre las sábanas de seda, cerrando los ojos con fuerza. Intenté visualizar la cara de mi marido, intenté convencerme de que esto era lo correcto, que este era