Perspectiva de DominicEl eco de la puerta cerrándose tras mi madre aún vibraba en el aire viciado del comedor. Cloe me soltó la corbata, pero no se alejó. Estaba de pie frente a mí, respirando entrecortadamente, con las mejillas encendidas y los ojos miel dilatados por una mezcla de rabia contenida y un deseo que la estaba consumiendo. Debajo del mantel, mi mano seguía húmeda, un recordatorio táctil de la tortura que le había infligido durante toda la cena.—Eres un animal, Dominic —siseó ella, bajando la voz hasta que fue un susurro letal—. Casi me haces gritar delante de ella. Casi arruinas todo. Michelle me advirtió sobre tu falta de control, pero esto... esto es una locura enferma.—La locura es que sigas fingiendo que no te mueres por esto, nena —respondí, con una sonrisa de suficiencia—. Tu mente puede estar en blanco, pero tu cuerpo... tu cuerpo tiene una memoria fotográfica. Y anoche, en mi cama, no parecías muy preocupada por el control.No le di tiempo a replicar. La tomé po
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