Perspectiva de Cloe
El silencio de la habitación era denso, cargado con el peso de los recuerdos que acababan de estallar en mi cabeza como fuegos artificiales en una noche sin luna. Dominic estaba allí, de pie frente a mí, despojándose de su camisa con una lentitud tortuosa, como si cada centímetro de piel que revelaba fuera una página más de nuestra historia prohibida.
Cuando sus pantalones cayeron al suelo, me quedé sin aliento. Mis ojos bajaron instintivamente, recorriendo su torso marcado,