Perspectiva de Dominic
Escuché el clic de la puerta de la biblioteca al cerrarse y el silencio que siguió fue casi más insoportable que sus gritos y sus llantos. Me quedé allí, sentado en la penumbra, con los nudillos ensangrentados por el estallido de la botella y el sabor amargo del bourbon barato pegado al paladar. Me dolía el pecho, pero no era un dolor físico; era como si Michelle me hubiera arrancado el corazón con sus propias manos y lo hubiera pasado por una trituradora frente a mis ojo