Perspectiva de DominicEl trayecto hacia el apartamento fue un túnel de tensión eléctrica y neumáticos chirriando contra el asfalto de Milán. Cloe no dijo una sola palabra; se limitó a mirar por la ventana con la mandíbula apretada, pero su respiración, pesada y rítmica, delataba que el incendio provocado en el restaurante no se había apagado al salir de allí. Cada vez que el coche frenaba, el roce accidental de nuestros hombros enviaba una descarga que amenazaba con hacer saltar los cristales.En cuanto la puerta del loft se cerró tras nosotros, no hubo preámbulos, ni caricias, ni esa paz robada de la última vez. Cloe se giró y me empujó contra la pared de la entrada, atacando mis labios con una ferocidad que sabía a castigo. Sus manos buscaban desesperadamente mi cinturón, y las mías, poseídas por una mezcla de rabia y deseo puro, se enredaron en su falda, subiéndola hasta sus caderas.—¿Esto es lo que quieres? —le siseé contra la boca, mientras la levantaba y sus piernas se envolví
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