Mientras caminaban hacia la carpa blanca que albergaría la segunda parte de la boda, Declan no podía evitar escudriñar el entorno con ojos cautelosos. Cada sombra, cada movimiento entre los invitados, lo hacía tensarse; sus pasos eran firmes pero contenidos, casi calculados, mientras su mente repasaba posibles riesgos. Aferrado al brazo de Roisin, intentaba mantener una expresión serena, con sonrisas que no llegaban del todo a sus ojos. Pero en lo más profundo de su ser, una alerta silenciosa le decía que algo podía estallar en cualquier momento.Roisin percibía cada mínima tensión en él: el ligero temblor de sus hombros, la contracción de sus dedos sobre su brazo, la forma en que sus ojos recorrían la multitud sin descanso. Se aferró con más fuerza a su padre y buscó su mirada, esperando encontrar tranquilidad, pero vio reflejada la misma preocupación que sentía en su interior.—Acabo de descubrir, papi, que como a mí, a ti no te gustan las multitudes —dijo Roisin, intentando suaviza
Ler mais