El chico niega con la cabeza lentamente y me regala una de sus cálidas sonrisas.Este es el Connor que sonríe, el que veo todo el tiempo y me agrada. No es que quiera que todos sonrían como muñecos todo el día, pero desde que llegué aquí Connor es el único que no se me despega. Siempre está cerca, sin invadir mi espacio, y cada vez que estamos solos, como ahora, suele ser más hablador y divertido.Siempre me pregunta si necesito algo e indaga un poco sobre mi vida en Alemania cuando se siente un poco más valiente. Es reservado, pero nunca me siento incómoda con él. Por eso su seriedad de hoy me preocupa.—No, señora. —Aún no consigo que me llame por mi nombre—. Estoy bien. Solo estaba perdido en mis pensamientos y, si me estaba diciendo algo, no la escuché. Lo siento.Algo he aprendido todos estos meses aquí y es a diferenciar las miradas: la honesta, la falsa y la de desprecio.Soy una mujer muy intuitiva y sé que Connor tiene un conflicto.—Asumo que estás al corriente de lo que pas
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