Me acerco a mi prometido y acomodo la corbata de su impecable traje negro, tirando suavemente del nudo hasta centrarlo. Mis dedos descienden por las solapas, alisando una arruga inexistente, sintiendo bajo la tela firme la solidez de su cuerpo. Se ve jodidamente atractivo. Demasiado.Su mirada cae sobre mí, pesada, atenta, como si registrara cada pequeño gesto. Su cabello, recogido en una trenza que le llega a la mitad de la espalda, se desliza apenas cuando se mueve. Es grueso, oscuro, impecable… y no quiero que se lo corte. Insiste en hacerlo, como si fuera solo pelo, como si no entendiera lo que provoca. Sé que un día aparecerá con él más corto y me molestará más de lo que debería.—Te ves bien, me gusta cómo te ves, completamente de negro. —Deja sus manos en mi cintura y tira de mí con suavidad, pero sin opción, pegándome a su cuerpo. —¿Nos vamos?Sus ojos tormentosos descienden a mis labios con una intensidad que no disimula. No se contiene. Me besa. Su boca es firme, exigente, y
Leer más