Esa tarde, en el apartamento del East Side, Renata y Adriano leyeron juntos la propuesta de mediación de Ibarra.Cuatro páginas esta vez. Más cortas que el comunicado original. Más directas. El lenguaje de alguien que ya no tiene margen para adornos.Retiro de denuncias, compensación económica, silencio recíproco.Sin punto cuatro. Sin ninguna mención del bebé. Sin ninguna cláusula sobre herencias ni sobre terceros ni sobre el apellido Salcedo. Ibarra había limpiado el texto de todo lo que podía ser cuestionado legalmente porque necesitaba que Renata lo firmara y sabía que no lo firmaría si había cualquier trampa visible.Renata lo leyó completo. Luego lo cerró sobre la mesa.—¿Qué pierde él si aceptamos? —preguntó.—El proceso penal sigue igual. La mediación es civil, no penal. —Adriano tenía los codos sobre la mesa—. Lo que gana Ibarra es que el expediente civil queda cerrado sin más publicidad. Y lo que pierde es la posibilidad de usar el caso civil como palanca para negociar con l
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