Las cosas ordinarias empezaron con el café.No fue algo que ninguno de los dos anunciara. Solo ocurrió que el primer martes en el apartamento nuevo, Adriano se levantó antes que Renata y cuando ella llegó a la cocina a las siete y cuarto había un café en la taza de la derecha, que era la que ella usaba, a la temperatura correcta, con la cantidad de agua correcta, sin leche, sin azúcar.Renata lo tomó sin comentarlo.Adriano no dijo nada.Y eso fue suficiente.Las cosas ordinarias, en la práctica, eran pequeñas y concretas. Quién hacía el café. Quién regaba la planta de bambú cuando el otro olvidaba. El volumen en que Adriano ponía las llamadas del Grupo Salcedo cuando Renata estaba trabajando en la mesa del ángulo noreste. La manera en que Renata dejaba los planos extendidos hasta tarde y Adriano aprendió a rodear esa zona del espacio sin que nadie le dijera que era terreno de trabajo, no de tráfico.El miércoles de la segunda semana, Renata llegó del sitio a las seis de la tarde con
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