La nota de Liam seguía quemando en mi mano mucho después de que los relámpagos dejaran de iluminar el bosque de Silver Falls. "Tus padres cazan. Yo reclamo". Esas cinco palabras eran una declaración de guerra y, al mismo tiempo, una promesa que me hacía temblar de una forma que nada tenía que ver con el frío del norte.Me senté en el borde de la cama, mirando mis manos. Estas manos habían sido entrenadas para montar un rifle de precisión en menos de treinta segundos. Mis dedos tenían callos por el uso del arco y la ballesta. Toda mi existencia, desde que tengo memoria, ha sido una preparación para un fin único: proteger a la humanidad de lo que acecha en la oscuridad. Pero ahora, mientras el pulso me latía con fuerza en la nuca, sentía que la verdadera oscuridad no estaba fuera, sino empezando a filtrarse en mis propios pensamientos.Apenas dormí. Cada vez que cerraba los ojos, veía la silueta de ese lobo negro en el laboratorio, o peor aún, sentía la presión de la mano de Liam sobre
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