Capítulo 103. La crisis en la cuna
El silencio de Amara era una soga que se apretaba alrededor del cuello de Aslan. No era solo que no contestara; era esa premonición de que algo estaba mal.Aslan caminaba de un lado a otro en la sala, el teléfono pegado a la oreja mientras el tono de llamada se cortaba por vigésima vez.—¡Contesta, Amara! —exclamó, arrojando el teléfono sobre el sofá—. Responde de una vez.De pronto, el llanto de Keziah cambió. Ya no era el llanto de hambre o de sueño; era un gemido débil, agudo y constante que erizaba la piel. Aslan subió las escaleras de dos en dos. Al llegar a la cuna, encontró a la bebé empapada en sudor, con las mejillas encendidas y los puños cerrados con fuerza.Aslan la tomó en brazos, asustado por lo pequeña que se sentía bajo esa oleada de calor. Sus manos, acostumbradas a cerrarse con fuerza, temblaban mientras sostenía el frágil cuerpo de su hija.—Shhh, ya está, pequeña. Papá te tiene. —Le tocó la frente y sintió un calor abrasador—. Estás hirviendo, Keziah. Estás ar
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