Capítulo 102. Prisionera de la duda
El despertar fue una transición lenta desde un vacío gris hacia una luz blanca y aséptica. Amara parpadeó, sintiendo los párpados pesados como el plomo. Lo primero que registró fue el olor: antiséptico, ozono y algo parecido al jazmín.
No estaba en una celda, ni en un sótano. Estaba en lo que parecía una suite de una clínica privada de ultralujo. Las paredes eran de un tono crema relajante y había un gran ventanal que mostraba el skyline de Londres, pero desde un ángulo que no reconocía. Estaba