Capítulo 103. La crisis en la cuna
El silencio de Amara era una soga que se apretaba alrededor del cuello de Aslan. No era solo que no contestara; era esa premonición de que algo estaba mal.
Aslan caminaba de un lado a otro en la sala, el teléfono pegado a la oreja mientras el tono de llamada se cortaba por vigésima vez.
—¡Contesta, Amara! —exclamó, arrojando el teléfono sobre el sofá—. Responde de una vez.
De pronto, el llanto de Keziah cambió. Ya no era el llanto de hambre o de sueño; era un gemido débil, agudo y constante