Capítulo 101. “Duerma, señora Leoni”
El aire de la tarde en Londres se había vuelto espeso, cargado con el olor a lluvia inminente y el ozono de los neumáticos sobre el asfalto. Amara seguía sentada en aquel borde de concreto, con el teléfono aún apretado contra la oreja, aunque Catherin ya había colgado para concentrarse en el tráfico. El zumbido en sus oídos era una nota sostenida que devoraba el ruido de la ciudad.
—Respira —se ordenó a sí misma, cerrando los ojos—. Solo quince minutos.
Pero la oscuridad detrás de sus párpados