El silencio que sigue después de la llamada no se parece al de hace una hora, hace una hora era paz, ahora es espera.El teléfono sigue en mi mano. La voz de la madre de Alaric todavía resonando en mi cabeza.Un documento, mi nombre, ocho meses.Antes del contrato, antes de la boda, antes de que Alaric y yo existiéramos de esta manera.—¿Qué dijo exactamente? —pregunta Alaric.Repito cada palabra, no omito nada. Cuando termino, él ya no está relajado contra el sofá. Está sentado hacia adelante con los codos sobre las rodillas, la mandíbula tensa.La expresión que aparece cuando empieza a conectar piezas.—Ocho meses —dice.—Sí.—Eso fue antes del contrato.—Lo sé.—Demasiado tiempo antes.Lo miro.—¿Qué significa eso?—Que no puede estar relacionado con el matrimonio.—¿Estás seguro?—Completamente.Su cerebro ya está trabajando, puedo verlo. Es una de las cosas que aprendí de él.Cuando está enfadado se vuelve frío, cuando está preocupado se vuelve silencioso, cuando está resolviendo
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