El padre de Selene.Durante un segundo el mundo entero parece quedarse inmóvil: la cafetería, las máquinas de café, las personas sentadas a las mesas. Todo desaparece.Solo queda él y la forma en que me observa como si ya supiera exactamente quién soy, como si hubiera estado esperándome.—Señorita Soler.Su voz es tranquila, educada. La clase de voz que uno asociaría con un empresario respetable, no con el hombre que acaba de destruir a su propia hija.—¿Nos conocemos?La pregunta sale antes de que pueda detenerla, una sonrisa apenas visible aparece en su rostro.—Todavía no.Todavía… la palabra hace que algo desagradable me recorra la espalda. Gabriel sigue inmóvil junto a mí, pero noto el cambio.La tensión, la rigidez, el miedo, porque sí, Gabriel le tiene miedo y eso me dice más que cualquier informe de Herrera.—Debería irme.Intento moverme, él bloquea el paso sin hacerlo realmente, sin tocarme, sin acercarse demasiado. Solo ocupando espacio, controlando la situación.—Solo quer
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