“Voy por ti.”Las tres palabras permanecen en la pantalla mientras sigo inmóvil en medio del sendero.Alrededor mío, el campus continúa funcionando: estudiantes que ríen, profesores que caminan deprisa, puertas que se abren y se cierran.La vida normal.Y, sin embargo, siento que algo acaba de inclinarse, como cuando una pieza de dominó cae. Todavía no ves el resto, pero sabes que vienen detrás.Mi teléfono vibra otra vez.Alaric.Llamada entrante.Contesto inmediatamente.—¿Dónde estás?Sin saludo, sin introducción, su voz suena diferente: más seca, más alerta.—Cerca del estacionamiento norte.—Quédate ahí.—Alaric...—Quédate ahí.Y corta.Miro la pantalla incrédula.—Qué amable —murmuro.Pero ya estoy obedeciendo porque conozco ese tono y porque algo me dice que discutir ahora sería una pérdida de tiempo.Tres minutos después aparece, cruzando el campus con pasos largos, directos, decididos. Como si el resto de las personas fueran obstáculos temporales entre él y algún objetivo.E
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