La Guerra que no era Mía.
La palabra imposible permanece suspendida entre ellos.
Nadie habla, nadie se mueve y, por primera vez desde que el padre de Selene apareció, la ventaja parece abandonar su lado de la mesa.
Solo un poco, solo durante un segundo, pero lo suficiente porque él sabe exactamente de qué está hablando Alaric.
Lo veo en la forma en que su sonrisa se vuelve más pequeña, más calculada, más peligrosa.
—Me decepcionas.
La frase sale de su boca con calma como si estuvieran retomando una conversación interrum