Confusiones Hospitalarias.
La palabra cae entre nosotros como una piedra pesada, brutal, imposible de ignorar.
Mi corazón parece detenerse.
—¿Qué significa no?
Alaric sigue sosteniendo el teléfono, inmóvil, como si todavía estuviera escuchando algo.
—Alaric.
Finalmente levanta la vista y el miedo que encuentro en sus ojos hace que el mío crezca, porque Alaric no suele parecer asustado.
Jamás.
—Está en el hospital.
El aire abandona mis pulmones.
—¿Está viva?
Silencio.
El segundo más largo de mi vida.
—Sí.
La fuerza vuelve