El tercer día en Canadá no había sido distinto a los anteriores en apariencia, reuniones largas, decisiones rápidas, números que se movían con precisión quirúrgica, pero esta en particular era diferente, no por el contrato en sí, sino por las personas involucradas, los hermanos alemanes no eran improvisados, no eran empresarios promedio buscando una oportunidad, eran hombres formados en estructuras rígidas, con experiencia suficiente para no dejarse intimidar fácilmente, y aun así, desde el momento en que entraron a la sala, supe que esta negociación no iba a tratarse de igualdad, iba a tratarse de jerarquía.La sala estaba en el último piso del edificio, ventanales amplios, vista directa a la ciudad, todo calculado para proyectar poder sin decirlo en voz alta, y yo estaba de pie al inicio de la mesa, no por protocolo, sino porque no me sentaba hasta que la dinámica estuviera clara, mis manos relajadas detrás de la espalda, la postura firme, la mirada fija en ellos mientras tomaban as
Leer más