El bar no tenía nada de casual, desde el momento en que cruzamos la entrada todo estaba diseñado para imponer sin necesidad de exagerar, luces bajas, tonos dorados, música controlada que no opacaba las conversaciones pero tampoco permitía el silencio, mesas privadas, gente que no miraba a otros por curiosidad sino por reconocimiento, dinero moviéndose sin que nadie tuviera que decirlo en voz alta, y aún así, en medio de todo eso, mi atención no estaba en el lugar, estaba en Evie.
Había estado c