••Narra Evangeline••Al poner un pie en el apartamento que me entregó Cipriano, pude sentir el lujo, la distinción y sobre todo, el silencio. Era la primera vez que tenía algo a mi nombre, pero en realidad se sentía como si no fuera dueña de nada más que de mi propio silencio. El apartamento era hermoso. Eso era lo peor.Las paredes blancas, los suelos de madera clara, los ventanales que daban a una pequeña plaza arbolada. Una cocina moderna, un salón amplio, dos habitaciones vacías. Demasiado espacio para una sola persona.Demasiado espacio para alguien que estaba completamente sola. Estaba en mi país, en mi ciudad, pero no sentía que estaba volviendo a casa, porque ya no tenía a nadie esperándome. Porque ya no me quedaba nada que pudiera llamar hogar. Dejé caer mi bolso en el suelo, apoyando la frente en el cristal de la ventanas mirando hacia la calle. Allá abajo, todo estaba tranquilo. Unas cuantas personas paseaban, ajenas a mi existencia. Una mujer empujaba un cochecito de b
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