La voz de Nadine era suave, pero ocultaba un escalofrío. Zane, tras colgar, desechó la inquietud; para él, solo era una despedida cortés. Pero en la oficina de la Torre Valladares, la realidad era otra. Nadine estalló en rabia, lanzando los documentos de su escritorio al suelo.Fernando no solo había ido a buscar a Lucía, sino que había tocado lo que más le dolía a Nadine: su dinero. Al desviar los fondos de sus bonificaciones hacia el fideicomiso de Lucía, le había dado un golpe de autoridad. —¡¿Cómo es posible?! —rugió Nadine—. ¡Es una exconvicta acabada!Pero el pánico pronto reemplazó a la furia. Recordó que, legalmente, Lucía y Fernando aún no se habían divorciado. Con las palmas sudadas, un brillo peligroso nació en sus ojos. No iba a permitir que su hermana recuperara su lugar.Lucía regresó al hotel tras cobrar los 30,000 dólares, ignorando que cada uno de sus pasos era vigilado. Al llegar al pasillo, un desconocido se le acercó y le entregó una nota antes de esfumarse. La ala
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