La voz de Nadine era suave, pero ocultaba un escalofrío. Zane, tras colgar, desechó la inquietud; para él, solo era una despedida cortés. Pero en la oficina de la Torre Valladares, la realidad era otra. Nadine estalló en rabia, lanzando los documentos de su escritorio al suelo.
Fernando no solo había ido a buscar a Lucía, sino que había tocado lo que más le dolía a Nadine: su dinero. Al desviar los fondos de sus bonificaciones hacia el fideicomiso de Lucía, le había dado un golpe de autoridad.