El amanecer comenzaba a filtrarse por las rendijas de las cortinas, tiñendo la habitación de un gris melancólico que hacía que la realidad golpeara con más fuerza. Lucas, con una ternura que contrastaba con la ferocidad de la noche, jugaba con el pecho de Ava, trazando círculos lentos, como si intentara memorizar cada curva antes de que el mundo se las arrebatara.De repente, un sollozo ahogado rompió el silencio. Lucas levantó la mirada y encontró a Ava con los ojos inundados en lágrimas, su rostro de porcelana contraído por un dolor que no era físico.—Siento que me estoy muriendo, Lucas —susurró ella, su voz apenas un hilo quebrado—. Siento que cada vez que me tocas, una parte de mi alma se quema. Pero lo peor... lo que de verdad me está matando, es que no puedo evitarlo. Te deseo más que a mi propia vida, y eso me hace sentir un monstruo.Lucas se incorporó, atrayéndola hacia su pecho, envolviéndola en sus brazos para contener su temblor.—No eres un monstruo, pecas. Escúchame
Ler mais