La noche en la Toscana se había vuelto inusualmente fría, y el viento siseaba a través de los viñedos, golpeando suavemente las contraventanas de la villa. Dentro, el calor de la habitación debería haber sido suficiente, pero Ava estaba rígida entre las sábanas de lino. Lucas dormía a su lado, con su respiración rítmica y pesada, su brazo rodeando su cintura en ese gesto posesivo que se había vuelto su ancla.Sin embargo, el sueño de Ava se había evaporado hacía horas. Sus ojos verdes estaban fijos en el techo, y su mano no dejaba de acariciar la redondez de su vientre con una ansiedad que le quemaba las yemas de los dedos. Una pequeña patada desde el interior la hizo sobresaltarse, y sin poder evitarlo, soltó un sollozo ahogado que rompió el silencio.Lucas se movió al instante. Sus ojos se abrieron, alerta como siempre, y se incorporó sobre un codo, buscándola en la penumbra.—¿Pecas? ¿Qué pasa? —Su voz era un barítono profundo, cargado de preocupación—. ¿Es el bebé? ¿Tienes dolor?
Ler mais