El yate se mecía suavemente sobre las aguas cristalinas de una cala apartada, lejos del bullicio del puerto. El sol de la tarde caía con una fuerza implacable, invitando a todos a sumergirse en el azul profundo. Erick, siempre el anfitrión perfecto y relajado, ya se había lanzado al agua, invitando a Ava a seguirlo con un gesto entusiasta.Ava, decidida a ignorar la mirada gélida de Lucas que la seguía desde la cubierta superior, se quitó el vestido de lino, quedando en un bikini esmeralda que hacía que sus ojos resaltaran bajo la luz solar. Antes de saltar, sintió la presencia de Lucas detrás de ella.—Ten cuidado, pecas —susurró él, su voz era un hilo de advertencia que solo ella podía oír—. El agua aquí es profunda y las corrientes son engañosas.—Sé cuidarme sola, Lucas —respondió ella sin mirarlo—. Además, Erick está ahí abajo. Él no dejaría que nada me pasara.Con un salto limpio, Ava se sumergió en el agua fresca, soltando un suspiro de alivio al sentir cómo el mar borraba por
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