El silencio que siguió al estallido de Elliot fue tan denso que Daniela podía oír el zumbido eléctrico de la cafetera, un recordatorio mundano de la normalidad que se les escapaba entre los dedos. Por un momento, atrapada entre el fregadero y la mirada inquisidora del hombre que amaba, Daniela sintió que el muro se desmoronaba. Las palabras "estoy embarazada" bailaron en la punta de su lengua, empujando por salir, buscando el alivio de la confesión. Estaba entre la espada y la pared, y la presión en su pecho era tal que pensó que si no hablaba, sus pulmones simplemente se rendirían.Sin embargo, en el último segundo, el terror, ese viejo y gélido compañero, la obligó a cerrar la boca. Se arrepintió a última hora, tragándose la verdad como si fuera veneno.Miró a Elliot. Él era, sin lugar a dudas, el mejor hombre que había conocido en su vida. A pesar del inicio complicado que tuvieron, de los contratos, de los malentendidos y del aura de frialdad que solía rodearlo, Elliot Vance
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