Pero la única respuesta fue el eco de sus pasos que se desvanecían, cada vez más lejanos con cada segundo.—Esto no está bien, Rafayel. Algo va mal. ¡Voy a ir con ella! —dije, con la voz firme por la urgencia.Tomé mi abrigo con prisa, echándomelo sobre los hombros mientras me dirigía hacia la puerta, decidida a salir. Pero antes de poder dar otro paso, la mano de Rafayel se extendió y sujetó mi brazo con firmeza, deteniéndome en seco.—Esto no está bien, Rafayel. Algo va mal. ¡Voy a ir con ella! —repetí, esta vez con la voz más cortante, cargada de determinación.—No vas a ir a ninguna parte —dijo, con voz baja y autoritaria. Sus ojos ardían con algo más profundo que preocupación: control, frustración, quizá incluso celos—. No sin mí. No así.Intenté zafarme, pero su agarre se tensó, manteniéndome en mi sitio.—¿Te oyes a ti misma? ¿Salir corriendo a ciegas en plena noche por ella? ¿Crees que voy a dejarte ir sola?Exhalé con brusquedad y me liberé de su mano.—Rafayel, ¡este no es m
Leer más