—Está bueno —insistió el niño, con la voz quebrada—. Muy bueno. Como… ¡como los cursos culinarios de Kingsley Davis! —Sus ojos se clavaron en los míos, repentinos y brillantes como chispa de pedernal—. Tienen un módulo completo sobre carnes tradicionales. En Winterbourne solo hacen… sopas.
Aparté un rizo de su frente, mi pulgar atrapando un resto de rábano picante. —¿Entonces ya has decidido?
—Kingsley —Erguió los hombros, imitando la postura de Rafayel en la sala de juntas—. No hay comparación