Abrí la boca para discutir, para desviar el tema, pero antes de que pudiera hacerlo, él cerró la distancia entre nosotros, apoyando suavemente su frente contra la mía. El mundo pareció desvanecerse en ese instante: el caos fuera de la mansión, las preguntas suspendidas en el aire… todo quedó ahogado bajo el ritmo constante de su respiración y la intensidad de su mirada.
—No eres cualquiera para mí —susurró, con palabras apenas audibles, pero que golpearon con la fuerza de una tormenta—. ¿Entien