Pero la única respuesta fue el eco de sus pasos que se desvanecían, cada vez más lejanos con cada segundo.
—Esto no está bien, Rafayel. Algo va mal. ¡Voy a ir con ella! —dije, con la voz firme por la urgencia.
Tomé mi abrigo con prisa, echándomelo sobre los hombros mientras me dirigía hacia la puerta, decidida a salir. Pero antes de poder dar otro paso, la mano de Rafayel se extendió y sujetó mi brazo con firmeza, deteniéndome en seco.
—Esto no está bien, Rafayel. Algo va mal. ¡Voy a ir con ell