—Ahí está —las palabras supieron a metal, como sangre de lengua mordida.
Los dedos de Xavier se clavaron en mi manga. —Mami… ¿quién?
—Alguien que Mami solía…
Raymond tropezó al salir del Bentley, desplomándose contra el bordillo. Una arcada violenta, los canapés de anoche salpicaron el asfalto.
—Raymond. Mírame —Apreté su hombro, el hedor a bilis era penetrante—. Ojos aquí. Respira.
—Si alguna vez… huek… veo otro coche deportivo…
Harry apareció, apoyado contra el capó del Bentley. —Cristo, tío.