—Cariño, ¿por qué lo preguntas? ¿Pasa algo malo? —la madre de Rafayel alzó una ceja, y su expresión cambió al notar el cambio en la mía.—No, es solo que... su nombre me resulta extrañamente familiar —respondí, con la voz teñida de vacilación.—Bueno, por supuesto —dijo ella con una sonrisa cómplice, rozando mi mano otra vez. Su palma era suave como la seda, provocándome un escalofrío involuntario—. No te inquietes, querida. Puede que Shane haya sido la primera esposa de Rafayel, pero recuerda mis palabras: con el tiempo, él te dará la prioridad a ti como su compañera.De repente, mi lengua se sintió pesada como el plomo. Las preguntas pululaban en mi mente, afiladas e implacables. ¿Por qué? ¿Por qué un fantasma del pasado me perseguía de esta manera?
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