La música retumbaba en la discoteca Inferno, creando un ambiente cargado de tensión y sensualidad. Camila, con su intuición aguda, se separó de Toni, buscando a Ilein entre la multitud. La pista de baile estaba llena de cuerpos que se movían al ritmo frenético de la música, pero su mirada se centraba en Ilein, que parecía bailar con una provocativa confianza que desafiaba a todos a mirarla. La forma en que se movía, con cada balanceo de caderas, era un desafío directo a Máximo, quien la observaba desde el área VIP como un depredador acechando a su presa. Mientras tanto, Ilein sentía la mirada de Máximo como un puñal en su espalda. Cada movimiento que hacía era una declaración de guerra. La música la envolvía, y su cuerpo respondía a la melodía con una sensualidad que desataba deseos ocultos. Ignoraba la presencia de Máximo, elevando la apuesta y desafiando su control. "No me someteré", pensó mientras giraba sobre sí misma, su cabello brillando bajo las luces de neón. Cada roce de su
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