El haz de luz se desvió hasta Ilein, iluminándola por completo ante todos. "¡Y la primera candidata de esta noche... es la espectacular Ilein Valentino!", anunció Máximo, y la multitud comenzó a aplaudir y a gritar. Ilein se quedó helada en su asiento. Sabía que no se trataba de un concurso benéfico, sino de una estratagema cruel: Máximo sabía que ella odiaría ser objeto de una subasta, que le horrorizaría la idea de que extraños pujaran por pasar tiempo con ella. Quería que se sintiera expuesta, vulnerable y avergonzada, destruyendo el aire de confianza que había logrado construir esa noche.Mientras la multitud vitoreaba, Ilein sintió que el calor le subía a las mejillas. A su alrededor, sus amigas, Camila, Isabella y Mariana, intercambiaron miradas de preocupación. Camila, con su vestido de seda rojo que brillaba a la luz tenue del atelier, se inclinó hacia Ilein. "No dejes que te afecte, Ilein. Eres más que un trofeo", susurró, pero la voz de Ilein se ahogó en un nudo en su gargan
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