El sol caía suavemente sobre la terraza del restaurante "La Terraza de Castellana", donde las mesas de madera maciza estaban adornadas con pequeños ramos de jazmín blanco. Máximo esperaba en una mesa apartada, vestido con un traje de lana gris oscura, su mirada fija en la entrada mientras revolvía con la cuchara el café negro frente a él. Había llegado media hora antes, aunque Mauricio López le había asegurado que Bianca Paola Bach era puntual hasta el segundo.Y así fue. A las doce y media en punto, la puerta del local se abrió y ella apareció: Ilein –o Bianca, como ahora se hacía llamar– llevaba un vestido de seda azul marino con mangas acampanadas, adornado con bordados de plata en el cuello y las mangas, un cinturón de cuero marrón que marcaba su cintura, y zapatos de tacón bajo de ante negro. Su cabello estaba suelto, cayendo en ondas naturales sobre sus hombros, y llevaba apenas un toque de maquillaje que resaltaba sus ojos color avellana. Al acercarse, Máximo sintió cómo se le
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