El motor del coche blindado rugió bajo el capó mientras recorría las carreteras francesas, cruzando campos verdes que se extendían hasta donde alcanzaba la vista. Máximo mantenía la mirada fija en el camino, aunque su mente estaba miles de kilómetros atrás —en el instante en que imaginaba la explosión, en el grito ahogado de Julliano cuando Susy le contó que su mamá no volvería, en cada una de las pistas falsas que habían hecho perder semanas de búsqueda. A su lado, Tony mantenía la guardia, sus ojos escaneando cada coche que se acercaba y cada desvío que podría ocultar un peligro.“Hemos llegado a rango, Max”, dijo Tony, bajando el vidrio para respirar el aire fresco del campo. “Jean Pierre nos espera en la entrada”.Máximo asintió, ajustando la foto que llevaba en el bolsillo de su traje —Ilein sonriendo mientras sujetaba a Julliano en sus brazos, ambos cubiertos de pétalos de rosa. En la imagen, los ojos azules del niño brillaban como los de su padre, reflejando la misma intensida
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