POR OTRA PARTE, AURORA estaba atrapada en una conversación dolorosamente larga con otra celebridad de televisión de lista D que claramente la odiaba. La personalidad televisiva asentía en los momentos equivocados, con los ojos desviándose por encima del hombro de Aurora cada pocos segundos, como si buscara a alguien más importante. Respondía con sonrisas vagas, obviamente desinteresada y ya aburrida. Así que cuando el agudo tintineo de una copa resonó en la sala, Aurora casi suspiró de alivio. Aprovechó la distracción para escabullirse en silencio, abandonando la conversación antes de que la celebridad siquiera notara que se había ido. —Atención, distinguidos invitados —retumbó la voz de un hombre por los altavoces—. Sí, sé que pedirles a los actores que dejen de hablar es una solicitud peligrosa. Pero, por favor, ¿puedo tener un momento de su atención? Una suave risa recorrió la sala. La gente se movió y las conversaciones se apagaron. Aurora se detuvo. La voz sonaba… familiar.
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